Otra noche de insomnio, un flip flop y pantalones de campana.

Una vez tuve un reloj que perdí en una batalla escolar, eran tiempos revueltos y yo tendría unos 10 años, lo recuerdo gracias a que aquella piedra acertó en mi Flip Flop azul y no en mi aún en desarrollo corteza cerebral.

Más allá de llorar por mi perdida me convertí en una combatiente del tiempo y decidí ser una Momo pero a lo castellana , a quien le sobraba el tiempo y los relojes le estorbaban.

Sin embargo con mi adolescencia no sólo volvieron los pantalones de campana (coloridos) sino también aparecieron los primeros teléfonos móviles y aquel alcatel one touch easy (también colorido) fue mi gran derrota ante Chronos y como si de algún consejo de un vecino de la edad adulta se tratase me acostumbre como todos,  a las horas, más específicamente a mirarlas constantemente , a desear otro momento, el de antes cuando llego tarde y el de después cuando aún tengo tiempo.

Y no es que  no crea que los relojes son útiles, que evidentemente lo son,  es que me siento estúpidamente rebelde por no vestir uno, aunque como todos pregunto la hora, o la busque en otros relojes camuflados en celulares.

Las 03:45

¡ otra vez que duermo despierta!

¿Con quien he de hablar para que me devuelvan mis horas de sueño?

¿Tiene esto algo que ver con mi pasado de guerrillera horaria?

¿ o es por aquellos coloridos pantalones de campana?

Las 4:03

Las 04:37

Las 05:20

Las 06:10

Las 08:00

Las 08:00

Joder , las 08:00

Otra vez que me despierto dormida , que mis pasos y quehaceres se arrastran de la mañana a la tarde, de la tarde a la noche, y en la noche se quedan.

 

 

 

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