Hacia ningún lugar.

Sobre las ganas de irse.

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Me despierto demasiado temprano para alguien como yo, que detesta madrugar, una vez viví en un bostezo más de una semana, el café como siempre me quema y paso todo el día sin pestañear, es el primer domingo de Otoño, me gusta el frío por la mañana, creo me recuerda a casa.

Buenos días Vicky, bienvenida a la ciudad.

Verona, como yo despistada, parece que necesita de tiempo y litros de cafè, de espresso, de capuccino, de macchiato para comenzar, no hay coches solo yo, que pedaleo, mi bici chirría y pienso en los domingos en los que me despertaba en la montaña o a los pies de un mar.

Pero hoy no, soy la mas pringada, y hoy toca trabajar.

¿Y si me fuera ahora? así, sin más.

Ir apartando obstáculos para una fuga hacia ningún lugar.

Sin que nadie me vea, sin despedidas, sin abrazos,   que un día en un bar piensen , ¿y la española? ¿Dónde estará? y recuerden la noche en la que me vieron bailar.

Que nadie (tampoco) me vea llegar.

Una vez Tonino me dijo que quizás yo no estaba hecha para quedarme, sino para volar.

Pienso en los que fueron mis amantes, cada uno en su cama, con un color diferente en las sabanas, distingo cada olor, cada aliento, cada beso en la espalda.

Pero yo ya estoy despierta, planeando mi huída, sin despedidas, sin nada.

 

 

“Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son”

Amor 77 Julio Córtazar.

 

 

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