El año en el que no escribí.

 

Sobre lo que aprendí en el 2016.

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Como todos los diciembres vuelvo a este rincon para escribir lo que se ha convertido en una pequeña tradición, sobre lo que aprendí o des-aprendí en los ultimos 365 días, normalemente siempre escribo tarde como si los años se fueran y nadie me avisara.

Pero este año es diferente, no he dormido tres meses en una playa, ni construido una cabaña no subí a un volcán, ni ví una ballena en el norte de Irlanda.

Sin embargo creo ha sido el año en el que he sido sin duda más valiente, en el que me he tenido que reinventar, en el que he dejado la tristeza pasar y desolocarme todos los ” te quiero” de lugar, pero ha sido también el año en el que me volví a encontrar, una vickinga perdida en un mar de cristal.

Aprendí que una parte de ti se va, cuando tomas la terrible decisión de dejar de amar, lo difícil es el momento el resto pura tenacidad, aprendí pues que para amar hay que dar alas y dejar marchar, alza el vuelo compañero, yo te miro desde aquí,

desde mi portal,

aún no estoy lista para saltar.

En este año que se va, T. me hizo recitar, junto a ella he visto crecer un proyecto que lleno los miércoles de primavera en risas y los viernes de otoño en amistad, que nació de un mal trabajo en un pequeño bar y que creció casi una inmensidad.

Este año el destino decidió que aún no era el momento de marchar y que Verona me iba a volver a atar con un trabajo en unas oficinas a las afueras de la ciudad, he aprendido a intercalar tres idiomas como quién salta de mar en mar y a inventarme palabras cuando no se en que idioma hablar.

Aprendí que para escalar valen más las piernas y que lo importante no es la cima sino saber llegar.

Este año he pedaleado 2.800 km solo para ir y volver del trabajo y recorrí mas de 3.500 en tres dias para celebrar la boda de una amiga muy bruja (piruja)

El año en el que me sentí más lejos y más cerca de mi hogar, me lo trajeron mis hermanos en una maleta con olor a pinar, dos guerreras del norte me trajeron carcajadas cargadas para volver a empezar y una parejita cruzo un océano desde Canada para darme un abrazo y traerme el verano, que para mi aún no había empezado.

Con 28 años me tire por primera vez con un trineo y con 29 años me hice mi tercer tatuaje, he re-descubierto cuanto me gustan los mordiscos.

Al 2017 no le pido nada, estoy esperando para salir a navegar.

Feliz año que viene, o al menos lo vamos a intentar, ¿verdad?

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