1736,7 kilómetros y tres besos.

 

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¿Cómo se puede estar en dos sitios a la vez?
Quiero ser yo allí y estar aquí. En los dos, dice Google maps que hay 1.736, 7 km entre mi pueblo y Verona.

Cuando vuelvo de un viaje a casa a veces me despierto y no se en que cama estoy, me he acostumbrado a vivir lejos y cerca.

¿Son 5 o 6 los años desde que me fui? No lo recuerdo bien.
23 años desde una isla de fuego a una esmeralda, sin miedo y muchas ganas. Ay chiquita la de cosas bonitas que nos ha dado la vida.

Ya casi no me preguntan cuando voy a volver, por que yo no se responder.

¿Volver a dónde?

La verdad no lo sé, supongo que cuando se puedan mover montañas y llevarme una a la meseta castellana, o cuando los pinares organicen viajes para venirme a ver.

Tengo nostalgia de todos los lugares en los que vivi, de las camas en las que dormí, de todos los amores que son sin mi.
Y de los que están por venir.

No sé si quiero irme y no sé si quiero quedarme, quizás debería solo vivir mas el momento, volver a cuando me fui por primera vez.
Verona ya no es un lugar de paso, tengo hasta una manada.
Hoy me han enviado una foto bonita, de la Cencellada Castellana, mi hermano nos ha regalado el olor del océano desde su terraza y yo quizás mañana envié un trocito de cielo desde lo alto de una montaña.

No son tantos los kilómetros sino los besos los que nos separan.

Maldita dulzura, digo distancia, la nuestra.

 

 

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