Un baile entre pinares.

Del Invierno , un baile vasco y un pueblecito castellano.

Unos meses atrás escribía sobre como acabe bailando danza irlandesa en Italia, muchas cosas han cambiado desde entonces , aprendí a hacer un tejado ,  a bailar un valser  ya no me confundo entre despertarme y equivocarme en italiano (svegliarmi – sbagliarmi) aunque lo sigo pronunciando mal , he hecho dos osos a crochet y algunas de mis pulseras macramé viajan por el mundo en manos de curiosas valientes , he dado muchos besos y me he bañado en tres mares.

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Será que estoy viviendo…

Hace meses que no escribo y no es que no tenga cosas que contar (que aún son muchas) es que no se como hacerlo.

Empecé el verano bailando en el Piamonte italiano en una casa que tenía un sapo , quería una flauta “di legno” y pensé que como todo últimamente seguro me llegaba y no necesitaba comprarla.

Con la mochila llena de sonrisas llegue a un valle eslovaco dónde tres cabras gobernaban y una andaluza de caderas aladas cantaba a las flores para que bailaran , quisimos hacer un tejado pero nos hicimos camaradas.

Me bañe en un lago sin ropa y sin preocupaciones y vimos la luna llena más grande en muchos años.

Volví a Italia a dormir con un oso que me regalo una caja llena de besos, para que cuando no estuviera me hablaran.

Regrese a mis pinares , a mis padres , a mis hermanos y otra vez fui una adolescente atrapada a mis 26 años,  me escape a los madriles con una francesa que siempre bebe “chardonnay” y se pinta los labios de un rojo Channel.

Me llevaron a ver el mar y me tosté de sol y sal y de amor de primas , de esas pequeñitas que te despiertan con saltos en la cama.

Y volví a mi pueblo , a mi peña , a mis Druidas y cantaron en la verbena a Barricada y me convertí en una heavy-hippie que gritaba desatada (pero con el alma).

Y llego Septiembre como siempre de sorpresa y mientras preparo mi mochila un pajarillo me dice que hace mucho que no escribo y yo pensativa contesto…

será….

que estoy viviendo.

 

flauta

Y así en menos de un mes llego mi flauta “di legno “

La foto es de la mejor “ponedora de bandles” del mundo, Ewelina.

De Verona a Segovia.

De bonitas ciudades.

Esta mañana he leído un breve relato que contaba como Madrid ya no era una ciudad para bancos, para sentarse en las calles y he decidido cambiar mi paseo diario entre viñedos, por salir a sentarme en alguna de las plazas de Verona.

Estoy sentada en una hermosa plaza llamada Piazza dei Signori , cerca de Dante a unos pocos pasos se encuentra Piazza d´Erbe bulliciosa, preciosa , en el mercado se vende desde verdura y algunas hierbas aromáticas hasta souvenirs de Romeo y Julieta o mascaras de carnaval , en esta época esta repleta de turistas que se toman un café o un aperitivo en las terrazas .

En la que hoy es mi plaza  juegan algunos niños y pasea algún turista despistado que se ha escapado de la manada.

Desde aquí entre palomas curiosas escribo estas líneas,  pienso en la belleza de esta ciudad y no puedo evitar recordar Segovia y como me fascinaba a altas horas de la madrugada las calles y las plazas vacías mientras paseaba con mi compañero de batallas, el Ruly .

Hoy me siento así a plena luz del día.

Mi Segovia, nuestra Segovia ,  la ciudad donde nos lanzamos al mundo (de cabeza) ,  cuando éramos mahonitas , cinco años de titirimundi  de conciertos en la plaza de un comunero, Juan Bravo, de cañas en aquella calle que nos atrapaba casi casi hasta la madrugada , de litronas en la Hontanilla , de sentarnos en cualquier esquina a soñar despiertos y cinco años cerrando el Sabbat cuando el equilibrio era imposible.

El otro día me preguntaron porqué escribía,  más concretamente porqué lo compartía en un blog , creo que es para no olvidar que estoy viajando, escribo para los que están lejos , para que los que me leen me sientan cerca,  como si estuviéramos juntos en esta esquina, para sentirme yo con ellos.

Va a tener razón aquel anuncio de protección solar que decía que cuanto más pasa el tiempo más necesitas estar cerca de la gente que conociste de joven, y no es que me sienta vieja, es sólo que me siento lejos, es el precio que tiene viajar , la recompensa son los nuevos amigos que encuentro por el camino, ( y los que aún están por llegar).

Un abrazo Mahonitas.

DSC_0045

Piazza dei signori , Verona.

mi rincon favorito

Mi Ruly en mi rincón favorito de Segovia.

Amores que viajan

A María de mi tribu que le tiene (o tenía )  miedo a las alturas.

Amores que viajan y se van y nunca vuelven, pero siempre están,

dicen antiguas leyendas que una vez, sólo una vez , volvieron.

Amores que sabes que van a terminar antes de empezar

TERMINAR TERMINAR TERMINAR

¡ Qué miedo tenemos al final !

Pero seamos sinceras siempre hay un fin.

y el miedo, esa terrible enfermedad.

Son amores intensos , apasionados, bajo las estrellas , en el sur , en un barco.

pero cortos, jodidamente cortos.

Cuando te quieres dar cuenta estas en un avión de vuelta a casa y entonces DESPIERTAS

bueno, aún no, quedan unos días , abrazos voladores y algunos emails que intercambiar.

¿Cómo se puede echar de menos a alguien que no se conoce?

¿Es posible quererlo en tres días?

No (o si )

En tres días se pre-quiere

En seis se quiere

En doce, amiga, estas hasta las trancas , ya no hay vuelta atrás.

Pero entonces DESPIERTAS y huyes y te escondes, que ya sabes como termina y ésta vez no

Ésta vez no.

Ésta vez  NO.

y otra vez te dejas atrapar

y él se va , y tú te quedas

y sueñas caricias , pero sólo te abrazan las sabanas

y llega el invierno

y lloras por semanas los besos de unos días

y pasan los meses y pasan los llantos y te das cuenta María ,  que ni el amor,  ni el olvido se miden en años, sino en arañazos.

Aquel beso en la espalda

Su sonrisa por la mañana

Los abrazos de medianoche.

y sonríes y saltas

que una vez ya, un gran fin de semana,  desde muy alto te lanzaste al agua

y esperas el siguiente amor viajero,

de esos que vienen,

te besan

y luego se marchan.

Siempre tuya,

Vicky.

https://www.youtube.com/watch?v=NucJk8TxyRg

A mi Irlanda.

Llevo días intentando escribir sobre Irlanda y a mi que siempre se me escapan las palabras con Irlanda solo grito notas mudas.

Después de un año recorriendo la isla y recorriendo-me a mi , empecé un viaje hacia el oeste , hacia la isla más pequeña de Aran, Inis Oírr , sin apenas dinero pero con una lista de  cosas por hacer antes de empezar mi nueva aventura.

lista irlanda

No pude surfear, el mal tiempo no me dejo bautizarme en el frio atlántico , tampoco acudí a un “Irish dancing meeting” conocía donde y cuando era, pero aquel viernes me quede bailando otras danzas, otras músicas me tocaban.

Sentía que el tiempo ardía , yo ardía.

Todavía no estaba acostumbrada a las despedidas ¿Cómo podía alejarme de aquel lugar?

Dónde me aprendí, dónde me encontré , dónde me sentí como dice Chico Ocaña un pez de mar abierto, en aquella granja de verdes prados y cielos estrellados, dónde los atardeceres se rompían y un camino al cielo subía.

Mi tiempo era para mi ( y si, también para vosotras mi tribu).

La lluvia siempre empapaba mis zapatos, el aire cortaba mis mejillas dónde por la noche al fuego me contaban historias que yo no me cansaba de escuchar.

¿Y por qué me fui?

Porque no podía quedarme , una mañana me desperté pájaro y sólo sabía volar.

¿Y por qué no vuelvo?

Porque aún me duele haber volado.

Pero hace ya dos lunes que tomo un remedio, una medicina y me duele menos, una bonita casualidad hace que después de un año pueda tachar una cosa más de aquella lista, he acabado bailando danza irlandesa en Italia y entre paso y paso, me siento más cerquita, y más curada.

Lo que no sabia de aquella despedida es que a Irlanda siempre la llevaría en mi mochila y que no era el final de mi viaje sino el principio, que después casi sin darme cuenta pasaría seis meses de sonrisas y lagrimas en la fría Ámsterdam y que me convertiría en una “mas que perra” peleando en guerras de almohadas, que bailaría tantas noches los tambores de sal de la estrellada Turquía, que en las mañanas de Julio abrazaría cada árbol de mis pinares , de mi Castilla y mis pensamientos viajarían por sus campos dorados las tardes de Agosto, que con dos canarias de las islas de fuego aprendería a atarme los cordones en el camino y que llegaríamos a Santiago una mañana soleada ,  que un año después de aquella lista aterrizaría en Verona, que volvería al teatro, que me descubriría a mis 26 años, tímida , que aprendería una nueva gramática , que leería más que nunca, que algunas tardes pasearía entre viñedos y el primer domingo de cada mes me subiría a torres para ver a los enamorados desde arriba, como hormiguitas.

Tan sólo echo de menos los atardeceres , cuando el cielo se rompía , y yo subía.

Ciara Kate and friends

Ballinhasig

Everything you need is love

Let's go and get lost Connemara

Mi Tribu Irlandesa